El sistema monetario global está girando hacia el oro
En este artículo voy a analizar el oro y el potencial que presenta tanto desde el punto de vista fundamental como técnico. La situación actual del sistema monetario global está cambiando de forma silenciosa pero profunda. La deuda de Estados Unidos ha alcanzado niveles que muchos bancos centrales consideran insostenibles, y esto está erosionando la confianza de aliados y acreedores. Como consecuencia, los bancos centrales están reduciendo su exposición a la deuda estadounidense y las reservas en dólares han caído al nivel más bajo del siglo.
La idea central es que el oro no está subiendo solo por factores coyunturales, sino porque está recuperando un papel estructural dentro del sistema monetario internacional. Si los bancos centrales reducen exposición al dólar y acumulan metal físico, el movimiento del precio puede entenderse como la respuesta de un mercado que anticipa un cambio de régimen.
A este factor estructural se suma otro igual de relevante: Washington ha convertido el dólar en un instrumento geopolítico, utilizando sanciones, congelaciones de reservas y restricciones financieras. La confiscación de las reservas del Banco Central de Rusia en 2022 fue interpretada por muchos países como una señal de riesgo sistémico. Desde entonces, cada vez más bancos centrales consideran que mantener una parte significativa de su riqueza nacional en dólares ya no es tan seguro como antes.
La respuesta global ha sido clara: los bancos centrales están reduciendo dólares y comprando oro de manera masiva. La composición actual de las reservas mundiales refleja este cambio estructural: el oro representa ya el 27% de las reservas globales, mientras que los activos denominados en dólares han caído al 22%. Es un giro relevante: durante décadas el dólar fue el activo dominante, pero el oro ha ganado peso como activo de reserva en un contexto de mayor desconfianza hacia la deuda estadounidense.
El oro desplaza al dólar como principal activo de reserva de los bancos centrales
La conclusión que se desprende de este proceso es clara: el sistema monetario internacional se está desdolarizando lentamente, y el oro se está consolidando como una de las principales alternativas en un entorno de deuda creciente, tensiones geopolíticas y pérdida de confianza en los activos estadounidenses.
¿Es normal la corrección actual del oro? La historia dice que sí
Desde enero, el oro ha corregido aproximadamente un 28% desde los máximos de 5.598 dólares por onza. A primera vista puede parecer una caída agresiva, pero en realidad encaja perfectamente dentro de un ciclo alcista mayor. Conviene recordar que solo el año pasado el oro subió un 108%, un movimiento excepcional que estadísticamente exige una fase de ajuste.
Cuando comparamos esta corrección con otros ciclos alcistas históricos, el comportamiento actual parece incluso moderado.
Ciclo de los años 70. Entre 1974 y 1976, el oro cayó un 45% durante un periodo de 1,5 años. Tras esa fase, inició un rally parabólico que lo llevó hasta los máximos de 1980, multiplicando su precio varias veces. Fue una corrección profunda dentro de un ciclo alcista explosivo.
Ciclo de 2008–2011. Una corrección más comparable a la actual ocurrió en 2008, cuando el oro cayó un 30% en apenas 8 meses. La caída fue seguida por un ciclo alcista que duró hasta 2011, con una revalorización cercana al 180%. La estructura fue similar: una corrección fuerte dentro de una tendencia alcista mayor, seguida posteriormente por un nuevo tramo de subida.
Comparación con el ciclo actual. Hoy llevamos casi 7 meses de corrección y un retroceso del 28%, cifras que encajan perfectamente dentro de los patrones históricos. En todos los ciclos anteriores, estas correcciones no solo fueron normales, sino necesarias para que el precio del oro pudiera continuar su tendencia alcista de largo plazo.
La estructura histórica sugiere que el oro está atravesando una corrección bajista dentro de un ciclo alcista mayor. En los grandes ciclos del oro, estas fases suelen preceder subidas explosivas, como las de 1976–1980 y 2008–2011. Si el patrón mantiene una lógica parecida, y hasta ahora muestra similitudes relevantes con ciclos anteriores, el oro podría estar preparando una ola alcista potente una vez finalice esta fase de ajuste.
En este contexto, el análisis macro necesita completarse con una lectura técnica. Si el sistema monetario global está girando hacia el oro, la pregunta clave es si el gráfico confirma esa tesis y en qué fase del ciclo nos encontramos. Para interpretar esa estructura de precios y la psicología inversora que hay detrás, la herramienta que utilizaré será la Teoría de las Ondas de Elliott.
A partir de aquí, la pregunta es clara:
¿qué ondas está dibujando el mercado y qué nos dicen sobre la fase actual del ciclo?
Como siempre, comenzamos por el marco temporal más amplio, en este caso, el gráfico mensual, y situamos el conteo en el mínimo estructural más relevante, registrado en agosto de 1999 en 252,10.

¿Cómo he realizado este conteo?
La onda 1 menor (color azul) llegó hasta los 339 dólares, corrigiendo buena parte de esta subida y completando la onda 2 menor en 254,100. Después se desarrolló una onda 3 extendida hasta los 1.032,350, seguida de una onda 4 que retrocedió hasta los 680,750. Finalmente, la onda 5 completó la primera onda intermedia (color lila) en los 1.920,940 dólares, en septiembre de 2011.
¿Cómo podemos saber si este conteo encaja con lo que está haciendo el precio?
La respuesta está en los ratios de Fibonacci, una herramienta que permite contrastar proyecciones y retrocesos del movimiento con las normas y guías de la Teoría de las Ondas de Elliott.

He proyectado la onda 1 menor, en color azul, desde el final de la onda 2 para analizar hasta qué extensión podía llegar la onda 3 menor, también en color azul. El resultado muestra que esta onda alcanzó la extensión 4,618 de la onda 1, lo que confirma que se trató de una onda 3 muy extendida.
Posteriormente, la onda 4 menor, en color azul, retrocedió justo por debajo de la extensión 2,236, situada en 728,53, mientras que el precio llegó hasta 689,750.
Finalmente, al proyectar el movimiento desde el punto 0 hasta el punto 3 a partir de la onda 4, se observa que la onda 5 menor superó la extensión del 61,8%, situada en 1.648,408, aunque no por un margen excesivo, y alcanzó los 1.920,940. Con ello se completaron las cinco ondas alcistas y, por tanto, una onda 1 de grado mayor.
A continuación, vemos que la onda 2 intermedia (color lila) no parece retroceder tanto en comparación con las ondas 2 y 4 menores. Sin embargo, si medimos el movimiento en términos de rentabilidad, observamos que la onda 2 menor retrocedió un 25%, la onda 4 menor un 33% y la onda 2 intermedia un 45,51%. Esto nos indica que esta corrección pertenece a un grado mayor y da coherencia al conteo. Por eso alterno entre el gráfico semilogarítmico y el aritmético: el primero permite comparar movimientos en porcentaje, mientras que el segundo ayuda a observar los desplazamientos en precio.

El gráfico aritmético representa los movimientos de precio de forma uniforme, pero puede distorsionar la lectura cuando analizamos variaciones porcentuales. Por ejemplo, un movimiento de 10 a 20 se verá igual que uno de 90 a 100, porque ambos suponen un desplazamiento de 10 puntos. Sin embargo, no significan lo mismo en términos porcentuales: el primero equivale a una subida del 100%, mientras que el segundo representa solo un 11,1%. En cambio, en el gráfico semilogarítmico, los movimientos porcentuales se muestran de forma proporcional: un avance de 10 a 20 y otro de 100 a 200 se ven equivalentes, ya que en ambos casos el precio se duplica.
Por eso me gusta alternar entre el gráfico aritmético y el semilogarítmico: cada uno aporta una perspectiva distinta. En este caso, el gráfico aritmético permite observar con mayor claridad que la onda 2 intermedia (color lila) cae más que las ondas correctivas de grado menor. Además, su retroceso hacia la zona del 50% de toda la onda refuerza la coherencia del conteo.

Seguimos con el gráfico aritmético para mantener la consistencia con el nivel que estoy analizando. Hemos visto que la onda 2 intermedia retrocedió cerca del 50% de la onda 1, lo que encaja con el comportamiento habitual de las ondas 2. Por su parte, las ondas 4 suelen apoyarse primero en los retrocesos del 38,2% y del 50%. En este caso, la onda 3 llegó hasta los 5.590,750 dólares, mientras que la extensión 2,618 de la onda 1 apuntaba a 5.415,63 dólares, apenas unos puntos por debajo. Esto confirma que la onda 3 fue claramente extendida. Ahora nos encontraríamos en una onda 4, que ya ha retrocedido más del 38,2% de esa onda 3. Por tanto, el próximo soporte clave para el oro se sitúa en torno a los 3.772 dólares, zona que coincide con el retroceso del 50% de la onda 3. Con esto ya tenemos una primera referencia de hasta dónde podría corregir el oro. Para ser más precisos, analizaremos esta corrección con más detalle.

Finalmente, en el conteo de la corrección, el patrón que parece estar desarrollándose es un zigzag con estructura A-B-C (5-3-5), con la peculiaridad de que esta onda C se estaría formando como una diagonal terminal. Dentro de esta diagonal, actualmente estaríamos en la onda 4, con un retroceso situado entre el 61,8% y el 50%. Es decir, según este conteo, en las próximas semanas podríamos ver un rebote en el precio del oro, aunque todavía no debería tratarse de la explosión alcista final. Antes de eso, quedaría una caída adicional hacia la onda 5 de la onda C, con un posible apoyo en la zona de los 3.700. En cualquier caso, nos encontramos ya en una zona donde los precios empiezan a resultar atractivos para plantear posicionamientos de largo plazo.

Las cifras citadas en este artículo proceden de los datos y referencias disponibles en el momento de redactarlo. Dado que el precio del oro, las reservas internacionales y los niveles técnicos pueden variar con rapidez, conviene revisar las cotizaciones y las fuentes originales antes de tomar cualquier decisión de inversión.
Recuerdo que todo este recuento tiene fines educativos y nunca debe interpretarse como una recomendación de compra o de venta. Cada inversor debe realizar su propio análisis.
En próximos artículos volveré sobre el oro para hacer seguimiento de este recuento y adaptarlo a la evolución del precio. Como siempre, nada nos dice con certeza qué hará el mercado: nadie tiene la bola de cristal. Pero sí creo que la Teoría de las Ondas de Elliott ofrece un contexto estructural muy útil, casi como un GPS, para entender en qué parte del ciclo nos encontramos.